Entre nuestros sueños futuros está un estudio de sonido insonorizado para los jóvenes músicos locales que practican aquí, e instalaciones para dar la bienvenida y hospedar a artistas, y para talleres creativos residenciales. Luz y equipamiento para el teatro y la galería están también en la lista.

La lucha por la financiación no ha acabado todavía, y vivimos tiempos duros. El dinero para la cultura es escaso o inexistente. Las arcas de Mallorca están vacías y la Asociación debe buscar entre sus socios y amigos, y en negocios privados, ayuda para su soporte. Creemos que lo encontraremos.

¿Qué es la vida sin la cultura? Nuestro mundo sería un lugar más pobre sin artistas, sin música y sin inspiración. La rueda de la economía nos encadena, pero el arte nos hace libres.


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La historia de Sa Taronja está unida irremisiblemente a la del hermoso lugar donde se halla, la granja de gallinas de 6000 m2 al final de la calle Andalucía de Andratx. Sa Taronja, la asociación, no hubiera nunca llegado a existir si, un día de 1997, Hartmut Usadel, un pintor nacido en Alemania y residente en S’Arracó no hubiera tropezado con la propiedad y visto su cartel de “SE VENDE”. La finca semiabandonada tenía todavía unas pocas gallinas picoteando la seca tierra frente a los naranjos, entre las largas naves avícolas… pero su apogeo se produjo años antes, cuando 8000 gallinas proporcionaban huevos y carne al pueblo y al resto de Mallorca.

La granja había empezado a funcionar en los años 60, con Guiem Reus Bosch, que había vuelto de Cuba. A principios del siglo XX existía mucha pobreza y escaso empleo en Mallorca, y numerosas personas tuvieron que emigrar en busca de trabajo. En la zona de Andratx, muchos decidieron embarcar a Cuba. Entre ellos Guiem Reus Bonet, y sus tres hijos, Sebastián, Mateo and Guiem Reus Bosch. El padre, como muchos otros andritxols, se dedicó a coger esponjas. Cuando sus hijos tuvieron 14 años, le siguieron al Caribe, encontrando un empleo. Guiem junior, nacido en 1906, consiguió un trabajo en Casa Arechavala, una gran refinería de ron en la Habana, e hizo carrera, permaneciendo allí hasta que Castro alcanzó el poder y volviendo en los 60 a Andratx. Ya había regresado con anterioridad una vez, en 1935, comprando con sus ahorros la vieja casa de piedra para sus padres. Se llamaba "S'Hort de Baget" y permanecía sola, rodeada de campos, en las afueras del pueblo. Su padre labró allí su huerto.

Cuando Guiem junior retornó definitivamente compró la tierra adyacente hasta el torrente y gastó su capital en una granja avícola. Erigió las tres naves industriales que todavía permanecen hoy en pie, y las llenó con 8000 gallinas. El negocio fue un éxito, del que estuvo al frente hasta su retiro, en los 80.

En los años siguientes, Andratx se expandió. La calle Andalucía llegaba ahora desde el pueblo hasta la vieja granja, habiendo cada vez más vecinos. La salud de Guiem se volvió frágil, y pasó sus últimos años en una residencia de ancianos cerca de Palma. Un cuidador se ocupó de la propiedad y conservó unas pocas gallinas que corrían libremente, a diferencia de las pobres ponedoras que las habían precedido. La familia puso la propiedad a la venta. Y entonces Hartmut Usadel la encontró.

Hombre con visión y energía para realizar sus sueños, pero sin los medios económicos para hacerlo, buscó socios que le ayudaran a comprar la propiedad y a transformarla en un centro cultural. Un par de años antes, había tratado de comprar el castillo abandonado del pueblo, Son Mas, a fin de montar un centro de arte internacional y una escuela. Pero la villa tenía otros planes para la construcción, y Son Mas fue destinado a ser el Ayuntamiento de Andratx.

Las sufridas naves, construidas en los 60, y la vieja granja de piedra de casi 300 años capturaron su imaginación. Soñando en una galería y un centro cultural donde los mallorquines y los extranjeros pudieran reunirse y trabajar juntos, con amor común por el arte y la música, consiguió entusiasmar a otro amigo pintor, Jorge Bascones, que convenció a sus hermanos para unirse a él en esta empresa, y se hizo el trato. Mientras los Bascones trabajaban en planos y planes para desarrollar parte de la propiedad, Hartmut se arremangó y se puso a trabajar.

Se afanó en convertir las naves abandonadas en un teatro, una galería, estudios y hermosos jardines. Fundó la asociación sin ánimo de lucro, Sa Taronja. Los rosales fueron donados por un amigo, los muebles y el equipamiento básico por otro. Su habilidad para la jardinería hizo milagros, y su ojo de artista creó rincones encantadores, como el patio de la vieja casa (ahora Restaurante Limón y Chelo). Pero la enorme cantidad de trabajo y los fondos insuficientes, combinados con una desalentadora falta de interés de las autoridades locales, le desanimaron. Sus socios, incapaces de obtener las licencias que necesitaban, perdieron interés en la propiedad y decidieron venderla.

Parecía como si el sueño hubiera acabado, hasta que consiguió convencer a otra amiga, Tina Horne, para implicarse.

Hartmut había tenido siempre una firme visión. “La gente debería venir aquí para bailar, pintar, hacer teatro y cantar… Y no sólo los extranjeros, también los mallorquines y todos los españoles…” eso era lo que él deseaba. Soñaba con un grupo de jóvenes voluntarios que tomaran las riendas y llevaran el proyecto adelante. “Se beneficiarán a largo plazo”, decía, “porque es un gran lugar para presentar a pintores desconocidos, y proporcionar una plataforma de lanzamiento a jóvenes músicos y actores”.

Tina estuvo de acuerdo. Pero era más fácil decirlo que hacerlo, y se encontró con una montaña de problemas. Las autoridades no ayudaban; las licencias no se conseguirían en poco tiempo; Mallorca no tiene un programa de ayudas para centros de arte independientes: y para un pueblo, es difícil atraer a una audiencia interesada en la cultura. La gente joven podrá ceder algo de su tiempo, pero no trabajará largas horas, todas las semanas, sin recibir un sueldo. Fue muy difícil.

Pero, de alguna manera, a lo largo de los últimos años, ciertas cosas han sucedido. A pesar de la constante escasez de fondos, el centro ha crecido y florecido. Se han obtenido las licencias. La asociación ha ganado amigos de toda condición, confraternizado con sus vecinos, y llegado a ser parte integrante de la escena cultural mallorquina. Andratx se ha beneficiado de la publicidad que han generado los eventos de Sa Taronja, y el Ayuntamiento colabora con el centro. Los artistas y músicos de Mallorca y Europa han llegado a amar el carácter especial del escenario de lo que fue granja y a su audiencia entusiasta y multicultural. El jardín que Hartmut plantó ha madurado, las rosas están en flor, y la casa envejece con elegancia (aunque necesita desesperadamente un nuevo techo). Guiem Reus murió en 2004. Hartmut se ha retirado y ha abierto una galería en S’Arracó. Y Tina intenta todavía lo imposible.

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La historia de SA TARONJA